Vicente Todolí: “La creación surge cuando te haces la pregunta correcta”

El sol lleva la firma del Mediterráneo. Pega sin clemencia sobre la tierra en la que Vicente Todolí cultiva 250 especies de cítricos distintos. Donde produce su propio aceite. Donde vive, cuando no está de viaje, arropado entre cientos de libros.

El valenciano recibe en su casa a Toni Segarra, Jorge Martínez y Enrique Gracián. El equipo de The Table sigue indagando en las profundidades de la creatividad. Esta vez hablan con una de las figuras que mejor conoce el arte contemporáneo. Es el español que dirigió la Tate Gallery de Londres, el IVAM de Valencia o el Serralves de Oporto.

En la terraza hay una mesa de madera gigante y unas sillas. Ese es el lugar de la conversación. El hombre que tanto sabe de arte y que se mueve en los mejores museos del mundo pide que cierren la puerta de casa para que no entren moscas. Nos ofrece agua y zumo recién exprimido de las naranjas de su huerta.

Estamos salvados. Hay sombra.

Jorge Martínez: Nos fascina la idea de que Ferran Adrià era un investigador y elBulli, un laboratorio. Pero aún no lo tenemos claro. ¿Piensas que Ferran es un investigador, un creador, un artista…?

Vicente Todolí: Todo viene junto. Yo no conozco a nadie que haya creado de la nada. Antes hay que investigar. Richard Hamilton decía que Duchamp hacía arte como si no hubiese existido antes. Pero pudo hacer eso porque tenía un gran conocimiento de la historia del arte. Y esto lo aplicaba también a Ferran Adrià.

Para llegar a tener esa libertad, primero tienes que estudiar e investigar. Y de ahí das el salto al vacío. Es entonces cuando puedes llegar a trascender y que se produzca un antes y un después. Es lo que pasó con Ferran y la cocina.

J. M.: De ahí viene la obsesión de Ferran por investigar…

V.T.: Por preguntarse. Por hacerse la pregunta correcta. Y para hacerte la pregunta correcta antes has de saber que estás formulando algo que no se había cuestionado hasta entonces. Y para eso tienes que conocer qué han preguntado y qué han respondido.

Otra cosa fundamental es el concepto de modelo. Los modelos no pueden ser fijos. Un modelo es algo que tú siempre debes testar y aplicar a la realidad. Una vez que lo utilizas debes pasar a otra cosa. Ferran siempre ha ido construyendo modelos y una vez que los ha completado, los ha dejado de lado y ha ido a lo siguiente. Hay personas que toman un modelo y se dedican toda la vida a hacer lo mismo. En el arte pasa mucho. En cambio, hay gente que cuando encuentra una fórmula, pasa a la siguiente. Eso es lo más arriesgado y significa que nunca camina sobre sólido. Siempre está pegando saltos y cuando encuentra un punto de apoyo, pega otro. El 90% de los creadores dan un salto y dicen: ‘aquí me quedo’, aunque eso solo debería ser el principio de su carrera. Tendrían que volver a preguntarse hacia dónde saltar. ¿Hacia atrás? ¿Hacia adelante? Todo se basa en preguntarse y no estar nunca cómodo con la idea de solución.

Todo se basa en preguntarse y no estar nunca cómodo con la idea de solución

La solución tiene una autoridad temporal. Y aunque la planteemos con una vigencia eterna, en un año, seguramente, quedará obsoleta.

Hace poco un ministro dijo que solo iba a apoyar la investigación productiva. ¿Cómo? Para llegar a la productiva tiene que haber también improductiva. Sin la improductiva no hay productiva. Es imposible.

Toni Segarra: Hay un momento en el que Ferran empieza a investigar de forma sistemática. Cierra el restaurante cada seis meses y crea un aparato de investigación. Él no es consciente pero acaba atentando contra el restaurante. Tanto que llega a eliminar al comensal. No le deja ninguna libertad. Elimina el pan, elimina la carta, elimina todo… ¿Esta idea de trabajar contra tu disciplina tiene alguna relación con el arte?

V.T.: Sí. Hay muchos artistas que solo se mueven cuando tienen una exposición. En esta ocupación es esencial el tiempo. Dar tiempo al tiempo. Picasso decía que la inspiración llega cuando llega, pero que sería mejor que le pillara en el estudio.

Para mí, la creación equivale a libertad. No es como una semilla que plantas. Puede ocurrir o no ocurrir. Libertad es disponer de tu tiempo sin ningún tipo de cortapisas y poder escucharte a ti mismo.

La creación equivale a libertad

T.S.: El restaurante era entonces una limitación…

V.T.: Sí. Un restaurante es como una obra de teatro a la que no has dado tiempo a los ensayos. En las compañías americanas de repertorio dedican un tiempo a ensayar. Después van por salas pequeñas para ir mejorando la obra y, al final, llegan a la función principal en Broadway con un cierto rodaje. Eso es lo que hacía Ferran. La investigación del menú se producía durante los seis meses en los que el restaurante estaba cerrado y en las primeras semanas después de la apertura lo iban perfeccionando. Seguía los mismos pasos que las compañías de teatro norteamericanas.

J.M.: ¿Crees que ese modelo es replicable en otras industrias?

V.T.: Lo que es replicable es el espíritu. El formato es miope. Dicen que al necio, cuando le enseñan la luna, mira al dedo. Hay que ir siempre a buscar el espíritu de los modelos y no su aplicación a una disciplina en concreto. Eso son mecanicismos que se ponen de moda y acaban invadiendo otros espacios. El arte, por ejemplo, está lleno de términos del mundo de la economía o la empresa. A mí me parece un gran error. Son como muletas falsas.

Uno tiene que explicar lo que ve desde su espíritu y desde su contexto. El contexto es fundamental. Debes tener un pie clavado en la tierra y el otro buscando. Uno debe estar enraizado y otro indagando qué hay en el universo. Al final se trata de ser único e irrepetible y no hacer algo como una fábrica de dónuts. Ese es el objetivo de un creador. No tiene que aplicar la forma del dónut, sino inventar su espíritu.

Y el lenguaje también es importante. Mucha gente cree que es solo un modo de decir, pero no es así. Es fundamental para hacerse preguntas. Ferran ha tenido esto en cuenta y ha decidido comenzar por el principio. Llegado a un punto ha pensado volver a empezar. Lo importante siempre es cuestionarse las cosas. Esta es la base de todo.

Enrique Gracián: ¿Un artista, cuando crea, sabe que lo está haciendo para alguien?

V.T.: Un artista crea para uno mismo. Juan Rulfo solo escribió Pedro Páramo y cuando le preguntaron por qué no escribió más, dijo que ese era el libro que faltaba en su biblioteca. Un artista puede escribir también para sus colegas, para el público entendido y, en última instancia, para el público general.

Para mí, el verdadero artista es el que crea para sí mismo y después, el que crea para sus colegas y sus iguales. Por supuesto que hay elementos muy seductores como la fama y el reconocimiento, pero eso es ya un tema de ego.

El filósofo italiano Benedetto Croce planteó una cuestión muy interesante. Si una persona escribe una novela y nunca la pública, ¿puede ser una obra de arte? No lo sabemos. Yo creo que hace falta que exista, al menos, un receptor. Es importante compartir una obra para saber cuál es la reacción.

E.G.: Ahí entramos en un tema espinoso: la certificación.

V.T.: El valor sería lo que marca el círculo de críticos. Existe un valor a corto plazo y otro, a largo. Los best sellers son los más vendidos en un momento determinado (los que hoy alcanzan la cúspide y mañana se olvidan) y los long sellers son los que perduran en el tiempo. El gran artista siempre trasciende.

El arte es algo inútil de base. Un artista italiano dice que es de una inutilidad indispensable. En cambio, hace siglos, fue utilizado para difundir mensajes. Esto lo hizo, sobre todo, la Iglesia. Encargaron cientos de vía crucis. Muchos desaparecieron pero algunos han quedado. Esos son los que trascienden y los que atraviesan el corsé de la convención. Y ahí se ve qué es el arte.

En elBulli ocurría algo así. Tú no ibas porque tuvieras hambre. Ibas igual que irías a la ópera o a una obra de teatro. Te transportaba mucho más allá del acto de comer. Ahí se ve la diferencia entre arte y artesanía. A un artesano no se le pide que transcienda. A un artista, sí.

J.M.: El objetivo de elBulli era exhibir sus creaciones. Ahora que no es un restaurante y se ha convertido en un laboratorio, ¿cómo queda todo eso?

V.T.: elBulli dejó muy pronto de ser un restaurante. Era otra cosa. En un restaurante al uso estás hablando o estás distraído y comer es casi un acto reflejo. En elBulli la atención se centraba absolutamente en el plano de la mesa, y la conversación giraba en torno al plato. Ocurre igual que cuando vas a la ópera. Estás pendiente solo de lo que está sucediendo ahí.

J.M.: ¿Seguirá habiendo mesa en elBulli?

V.T.: No puede desaparecer. La obra tiene que estar. Es como un pintor que deja de vender sus cuadros. Aunque no los venda, el estudio sigue ahí y a partir de entonces podrá regalar su obra a quien quiera. Un artista puede decidir que no quiere verse sometido más a la crítica y elegir con quién quiere compartir su creación. Ahora podrá hacer lo que quiera sin tener que servir a nadie, a diferencia de lo que ocurría en el restaurante.

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T.S.: ¿Qué motivos llevan a un artista a constituir una fundación?

V.T.: Al principio las fundaciones servían para que los artistas expusieran su obra. Pero eso resulta corto de miras y poco generoso. Es tan solo un monumento a uno mismo. Después descubrieron que ahí también podían investigar y difundir la obra de otros autores. Entonces se convirtieron en centros para mostrar arte. Y también hay fundaciones que se dedican solo a dar becas. Su función es ayudar a los artistas en su formación.

T.S.: ¿Existen fundaciones de un autor para investigar sobre su propia obra?

V.T.: No. Ferran no investiga sobre su propia obra. Investiga sobre su oficio.

T.S.: Sobre su oficio y también su obra…

V.T.: En la obra investigó mientras existía elBulli. Después dio marcha atrás y fue hasta la pregunta de cómo empezó todo. Y, en este sentido, va más allá de su obra.

T.S.: Ferran cayó en una disciplina inmóvil: la gastronomía. Quizá hubiese sido más complicado innovar en la moda. Los cocineros, después de Ferran, lo tienen muy difícil. Y, de hecho, muchos de ellos reniegan de Adrià.

V.T.: Eso ocurre muy a menudo. Matar al padre y reivindicar al abuelo. Harold Blomm escribió un libro titulado La ansiedad de la influencia en el que dice que los grandes artistas malinterpretan adrede a sus referencias. Para crecer y encontrar su camino tienen que matar al padre.

J.M.: ¿Cuál es el artista más disruptivo?

V.T.: El gran disruptivo es Marcel Duchamp. Actuó como si el arte no hubiese existido antes. Fue disruptivo en el concepto, más que en las formas, y eso introduce cambios profundos. El francés abrió caminos. Su obra es muy intelectual. Es casi platónica y también pragmática. Y a la vez, llevada a los extremos.

¿Es posible cocinar después de Ferran?

T.S.: Muchas veces me he preguntado si es posible hacer arte (contemporáneo, me refiero) después de Duchamp. ¿Es posible cocinar después de Ferran? Son personas que devastan.

V.T.: Sí. Devastan pero abren muchos caminos que pueden seguir otros.

E.G.: ¿Puede llegar la creatividad a constituirse en método?

V.T.: No, no hay método. No hay fórmulas ni recetas. Son contrarias al proceso creativo. Cada individuo tiene que encontrar su propia fórmula, personal e intransferible.

El sol sigue pegando sin piedad. La luz indica que ha llegado la hora de comer y descansar. Eso, en el Mediterráneo, es una religión. No blasfemamos.

  • ¿la creatividad es productiva?… si todo se basa en preguntarse, y no estar nunca cómodo con la idea de solución

  • Cada persona, en ejercicio práctico de sus aptitudes genéticas y aptitudes aprendidas cuando son potenciadas, tiene infinidad de preguntas correctas a responder a lo largo de su vida, y con una esperanza de vida creciente. Es mucho mas lo que desconocemos que lo que conocemos, como el futuro. Por esto hay que prevenirlo desde ya.

    ¡Creo que sí! Hay fórmulas, modelos y teorías nacidas del duro o placentero y creativo trabajo de imaginar, crear, experimentar, compartir, comprender y extrapolar. Por este orden, y de forma iterativa creciente y perfeccionadora/superadora de retos y desafíos. Y esta espiral de pensamiento creativo también es un modelo o fórmula o teoría que alguien o algo superará.

    Así, postularon sus fórmulas, modelos, recetas y teorías los grandes genios creativos de la historia de la ciencia y el arte, y la gastronomía Adrianiana lo es.

    Pero la experiencia de las civilizaciones humanas, o como mínimo en la nuestra desde el Renacimiento, demuestran que estas fórmulas, modelos y teorías son siempre temporales y superadas por otras que explican y crean más cosas, más útiles, más precisas y mas preciosas, distintas, en circunstancias y condiciones llevadas al límite. Y la tecnología en evolución exponencial ayuda a llevar cualquier cosa al límite, hoy mucho menos que mañana, y casi infinitamente menos que dentro cuatro años. No es una evolución lineal (velocidad constante) si no en aceleración.

    Hay que acercarse a los límites físicos y mentales en todos los ámbitos del conocimiento humano de las distintas disciplinas, con la ayuda y complicidad de la tecnología en el proceso espiral creativo anteriormente mencionado. Para saborear creación artística y científica excepcionales, y esto implica asumir riesgos. En este punto comulgo con Vicente Todolí. La única limitación reside en nuestras mentes, que nos esclaviza como robots sin IA.

    Muchos humanos no podrán jamás, sin una metodología o proceso o filosofía pedagógica inculcada desde la mas tierna infancia en la educación, desde el S XIX adoctrinadora y uniformadora, pendiente de los grandes cambios disruptivos motivadores y personalizados a las aptitudes naturales genéticasa y aptitudes aprendidas de cada pequeño genio en potencia que nos esperan en la educación.

    Que ya estaba todo inventado, sin márgen para más, ya lo decían desde algunos filósofos presocráticos hasta algunos “lumbreras” mediocres conservadores de todos los siglos hasta el XXI.

    En realidad, todo está relacionado y todo es relacionable de muchas maneras distintas. Cada vez más. Es cierto, mucho ha sido ya imaginado e inventado antes pero constituye una mínima parte si valoramos el factor tecnología. Ahora disponemos de las herramientas mas potentes de las historia humana para cambiar la sociedad y la creatividad. Además, TODO es susceptible de ser relacionado, reutilizado y remezclado de 100.000 formas distintas para imaginar / crear algo nuevo en exponenciales combinaciones aleatorias que la intuición y el genio o gen simplifica a unas decenas o unidades. Con sentido científico y artístico cuando son llevadas al límite de lo que ya existe y a las fronteras de otras disciplinas viviendo idéntico proceso al límite. De aquí la importancia del trabajo en equipo. Gran ejemplo el de el Bulli.

    Se consigue algo cuando no se sabe que es imposible, y eso es trascender y superar el estado o status quo de las cosas, conservador por naturaleza y violador de límites mentales casposos, no vaya a suceder que lo que memoricé (y seguramente no comprendí) hace 35 años ya no me sirva para nada hoy y menos para mañana, y se me desmorona todo el artificio sobre el que vivo y me perciben valor.

    Un profesor de un ilustre ingeniero, investigador, rector y catedrático emérito decía en su clase de la preparatoria: “las fórmulas dan el valor aproximado. El valor exacto lo pongo a ojo”. Y no iba mal encaminado. Aunque él no lo supiera.

    El gran inventor Edison fuen un gran creativo que inventó 999 formas para no hacer una bombilla (no fracasaba, aprendía de la experimentación, otro factor clave, lo que no funciona y dejaba constancia para la posteridad), antes de tropezar con el filamento de bambú carbonatado. La tenacidad es clave, persistir, persistir y persistir siguiendo el impulso de nuestra espontaneidad, perseguir los sueños y superar los retos para ponerse otros mas ambiciosos una vez superados, y perfeccionar los proyectos vitales. La filosofía existencialista que otorga sentido a la existencia humana también es en gran medida creatividad y auto-retos (responderse a la pregunta correcta) crecientemente ambiciosos.