Piensa, niño, piensa… (cultura de pensamiento)

En la era de Internet, los cambios vertiginosos que se están produciendo en la sociedad nos llevan a replantearnos ¿cómo enseñamos a pensar? y ¿qué esperamos de la educación?

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“Haz el favor de pensar un poquito”. ¿Quién no ha enunciado la célebre frase? No una, sino dos, tres e infinitas veces. El pensamiento dentro de las aulas ha sido siempre un continuum. Un objetivo eterno, como la autonomía, la responsabilidad, la escucha activa y tantos otros.

Sin embargo, cuando pedimos que se piense, en ese mismo momento dentro de la cabeza del niño, hay un enorme interrogante. Sinónimo de las siguientes preguntas: ¿qué quieres que piense? ¿cómo quieres que piense? Incluso, ¿para qué pensar?

Edusapiens, la adaptación del sapiens al aula, plantea una escuela que reflexiona de manera continua y sistemática. Sabemos que un conocimiento que únicamente se reproduce, señala o identifica y no se entiende, no sirve de mucho. Pero, cuidado… la comprensión no es la única meta para una escuela que incide en el aprendizaje como consecuencia del pensamiento.

Resolver problemas de diversa índole, actuales y contextualizados, tomar decisiones o crear, son procesos cognitivos vitales para un desarrollo integral de la persona y la construcción de un mundo mejor. El pensamiento ha de estar siempre vivo, para construir respuestas que se dan la mano de nuevas preguntas, y que llevan a los protagonistas a generar conocimiento y aprendizaje. La velocidad del pensamiento de nuestros alumnos no debe servirnos para etiquetarlos, sino para preguntarnos qué procesos cognitivos les invitamos a hacer, qué preguntas y estructuras promovemos, cómo manejamos los tiempos, etc.

Porque aprender a pensar se puede y se debe entrenar. En la medida en que los alumnos son más conscientes de su propio pensamiento y de las estrategias y procesos que utilizan, los aprendizajes son más sólidos. En los distintos materiales que nos ofrece el proyecto de “Escuelas Creativas” existe una variedad de ideas sobre cómo cuestionar, investigar, escuchar, documentar, etc. fomentando un estilo docente que promueve la creatividad.

Pero, y entonces, ¿cómo hacer visible el pensamiento y crear una cultura que lo fomente dentro del aula?

Cuando hacemos visible el pensamiento no sólo pretendemos saber lo que el alumno aprende y comprende, sino también cómo lo hace. Buscamos dotar al alumno de herramientas que le ayuden a ser consciente de su propio pensamiento,  y le  ayuden a aprender a aprender y auto-regularse.

En el proyecto de Edusapiens, podemos encontrar instrumentos como preguntas retadoras, rutinas de pensamiento, mapas mentales, conceptuales, la escalera de la metacognición o herramientas de evaluación como el portfolio… y que para su puesta en práctica eficaz han de ir acompañados de decisiones pedagógicas a nivel de organización.

Ron Ritchhart, docente e investigador asociado del Proyecto Zero de Harvard, agrupó esas decisiones pedagógicas, y acuñó el término de “las 8 fuerzas culturales”. Imprescindibles dentro de un aula para construir cultura de pensamiento:

  1. Expectativas: Los objetivos y/o el tipo de pensamiento o proceso cognitivo que se quiere trabajar se muestra desde el principio al alumnado de forma clara y concisa. Incluso se deja visible a través de carteles, pizarra, un signo corporal, etc.
  1. Oportunidades: En el aula todos los alumnos tienen la posibilidad de realizar dicho pensamiento a través de actividades significativas y participativas.
  1. Lenguaje: Los alumnos comparten un lenguaje común acerca del pensamiento. Por ejemplo, podemos usar la taxonomía de Bloom y hacer que los tipos de pensamiento o las estrategias “salgan de dentro de nuestras programaciones” para ser manejados por ellos de forma habitual.
  1. Tiempo para pensar: El manejo de los tiempos es crucial. Mínimo un minuto, para que todos puedan relacionarse con el contenido. Se pueden utilizar relojes de arena, o digitales en la pizarra si disponemos de equipamiento.
  1. Modelaje: Mostrar cómo somos como pensadores y aprendices para poder compartir una visión común, así como utilizar ejemplos de la vida diaria en el que realizamos dicho pensamiento.
  1. Rutinas y estructuras: Disponer de estructuras específicas para aprender a pensar es fundamental y teniendo muy claro qué tipo de pensamiento fomenta cada rutina, destreza o técnica.
  1. Interacciones: El pensamiento es social por lo que hemos de dar la posibilidad de compartir el cómo lo hacemos y sobre el qué.
  1. Ambiente físico: El espacio debe estar organizado para facilitar el pensamiento, desde su visibilización hasta la interacción entre los alumnos (aprendizaje cooperativo).

Estas 8 fuerzas diseñan un lugar amable donde se piensa de forma creativa y crítica. Dos modos inseparables para producir un pensamiento eficaz y profundo. Un pensamiento que debe saber crear cosas nuevas y evaluarlas, que requiere de imaginación y disciplina intelectual. En Mi Genoma Creativo encontrarás una guía específica para desarrollar el potencial creativo que todos llevamos dentro, porque buscamos un conocimiento que actúa, un conocimiento generador, un conocimiento transformado por el pensamiento y puesto en acción.

Autoría: Loli García García y Mar Martín Murga.
Equipo Pedagógico de Escuelas creativas (aulaBLOG).


Bibliografía:

DE BONO, E. (1994): El pensamiento creativo. México: Ed. Paidos.
PERKINS, D. (2008): La escuela inteligente. Del adiestramiento de la memoria a la educación de la mente. Barcelona: Gedisa editorial.
SWARTZ, R. J., COSTA, A., BEYER, B., REAGAN, R., & KALLICK, B. (2013): El aprendizaje basado en el pensamiento. Cómo desarrollar en los alumnos las competencias del siglo XXI. SM: Biblioteca de Innovación Educativa.
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