Error, para qué te quiero

El error es un concepto clave en el proceso educativo y es inherente al mismo. Podemos afirmar que no hay aprendizaje sin error, ya que está presente en todas las actividades de clase. Sin embargo, no le dedicamos mucha atención y es habitual que tenga una connotación negativa tanto para el profesorado como para el alumnado.

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Otro tanto podemos decir en lo que se refiere a la innovación, no solo a la educativa. La ciencia avanza a través de un proceso de ensayo y error. En elBulli se dedicaban 6 meses a ese proceso de investigación y experimentación, cuyo resultado quedaba recogido en un informe exhaustivo, con independencia de que este fuera positivo o negativo. Las elaboraciones que no resultaban aceptables pasaban a ser recogidas en un archivo denominado “Lo que pudo ser y no fue”, al entender que de ellas se podría extraer un aprendizaje en el futuro.

En la Guía de EduSapiens (pág. 21), señalábamos como un elemento central del método, el cuestionamiento y la reflexión permanente. En este artículo os invitamos a reflexionar y cuestionar el paradigma que interpreta el error como la manifestación negativa del aprendizaje, siguiendo la propuesta realizada por Saturnino de la Torre*, que apunta hacia el tratamiento didáctico de los errores como una estrategia de innovación educativa.

Presunciones y prácticas docentes frecuentes relativas al “acierto” y el “error”

  • Un resultado correcto es una manifestación de un proceso de aprendizaje adecuado. Todos sabemos que las respuestas correctas puede ser producto de la memorización o de la aplicación mecánica de un procedimiento.
  • Los errores son un signo negativo del aprendizaje. Como ya se apuntaba, el error es inherente al proceso de aprendizaje. No es habitual introducir problemas mal resueltos, o en los que aparezcan más datos de los necesarios. ¿Por qué no plantear trabajos mal realizados para que puedan ser mejorados? Estas opciones nos obligan a centrarnos en identificar dónde están los fallos que, por otra parte, son aquello en lo que centran sus esfuerzos los equipos técnicos profesionales.
  • La evaluación atiende más a los resultados que a los procesos. La razón estriba en la mayor dificultad de valorar los procesos y justificar nuestra valoración. ¿Por qué no dar el resultado correcto y pedir al alumnado que desarrolle el proceso?
  • La evaluación se instrumenta a partir del error. En los exámenes la calificación es inversamente proporcional al número de errores. En la evaluación formativa el error tiene un carácter constructivo. Otra posible estrategia es formular preguntas divergentes, en el sentido que plantea Torrance**, caracterizadas por ser abiertas a más de una solución, que no dependen necesariamente de la memoria y despiertan la curiosidad.
  • La consideración negativa del error está por encima del análisis de su tipología y sus causas. No se atiende a la identificación del tipo de error, ¿es un error “de concepto”, “de ejecución”, “de razonamiento” …?

Apuntes para una pedagogía del error

  • El error tiene que ser entendido como un síntoma y tiene que ser utilizado para determinar las causas, los fallos producidos en el proceso de aprendizaje, lo que implica determinar su tipología para identificar el tratamiento didáctico adecuado. Como síntoma, el error no debe eliminarse / corregirse sin saber qué causa lo provoca. El error nos aporta mayor información que los aciertos sobre el proceso de pensamiento seguido.
  • El alumnos o alumna que se equivoca necesitan ayuda. La ayuda necesaria estará condicionada por el tipo de error. El error también proporciona una pista sobre lo que sucede en el proceso de razonamiento y nos puede permitir identificar en qué momento se produce la desviación.
  • Hay que crear un entorno de seguridad y abierto al diálogo en aula que permita perder el miedo a cometer errores. El alumnado tiene asumida una concepción negativa del error, lo que le genera ansiedad y culpabilidad. Pocos lo ven como una oportunidad de aprendizaje y, en muchos casos, bloquea el diálogo y la solicitud ayuda. Pasar una concepción positiva mejora el proceso de interacción alumnado-profesorado y favorece la construcción del pensamiento a través del diálogo, moviendo a la reflexión sobre el proceso seguido.
  • El tratamiento docente del error condiciona el método de enseñanza. Quienes integran el error como una oportunidad de aprendizaje, promoverán distintas formas de ver la situación, utilizarán una metodología basada en el descubrimiento, darán libertad para explorar y, en definitiva, estarán potenciando el pensamiento creativo, tal y como apuntamos en la Guía de Mi Genoma Creativo.

En conclusión, se trata de integrar el error como estrategia didáctica, aprender a utilizarlo. Por otra parte, Saturnino de la Torre nos recuerda el refrán ‘El pez es el último en descubrir el agua, para que consideremos que tal vez seamos los profesores y profesoras los últimos en descubrir nuestros errores, a menos que recurramos a la reflexión y la autocrítica.

Autoría: Lourdes Barroso
Coordinación y corrección de estilo: Asier Astigarraga
Equipo pedagógico Escuelas Creativas (aulaBLOG)


Documentos relacionados:

Guía EduSapiens. Tareas continuas y transversales del método (página 21)
Guía Mi Genoma Creativo. Atmósfera creativa (página 42).

 

*Torre, S. (2005). Aprender de los errores. 1ª ed. Buenos Aires: Editorial Magisterio del Río de la Plata.
**Torrance, E. and Myers, R. (1986). La enseñanza creativa. 1ª ed. Madrid: Santillana.
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